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Mis andanzas como zapatero empezaron en el año 1988, pero mi vocación por el cuero y la piel despertó de muy joven, cuando tenía 17- 18 años, tiempo en el que me gustaba el rock y heavy metal. En esa época, empecé a realizar mis primeros “trabajos” con cinturones, pulseras, brazaletes, parches en las chaquetas, etc... Pero fue un amigo de mi pueblo, Lliçà de Vall, que se hizo con un taller en Barcelona que había montado animado por su cuñado, zapatero, quien me acercó a esta profesión. Lejos del espíritu artesanal que rodea a la profesión, se trataba de simples remendones, no conocían el oficio, pero sabían que les daba para comer. O mejor dicho, para vivir con independencia de cualquier subordinado o capataz.
Desde que tomé la decisión de encauzar mi vida hacia este oficio me siento realizado, la gente valora mucho mi trabajo al tiempo que he aprendido a comunicarme mejor con los demás y, por fin, creo haber encontrado mi camino. Y nunca mejor que con los zapatos como compañeros... De esta manera, puedo caminar con paso firme en mi vida profesional y personal. 
A pesar de haber sido una persona inquieta, que no concebía la idea de estar mucho tiempo en un mismo lugar o trabajo, y dubitativa, en cuanto a no saber realmente a qué quería dedicarme, he acumulado más de 20 años de experiencia -avalados en 1999 con el reconocimiento oficial de zapatero artesano de la Generalitat de Catalunya - después de los cuales siento una gran satisfacción por el camino recorrido, por la situación actual que he alcanzado y porque afronto un futuro lleno de proyectos e ilusiones.
Una nueva etapa de mi vida que emprendo con grandes expectativas y renovadas motivaciones partiendo de un constante espíritu de aprendizaje, perfeccionamiento y mejora de las técnicas de trabajo, lo cual redundará en una mayor calidad del servicio hacia el cliente.
Un afán de superación que algunos medios de comunicación han empezado a reconocer en diferentes espacios informativos y entrevistas (Mercado de Dinero, La Vanguardia, Radio Nacional de España y Catalunya Ràdio, entre otros).
Tras este bagaje, Coher ® aplica una doctrina que lo ha impulsado a lo largo de su trayectoria hasta consolidarse como referente artesanal en Barcelona en la reparación, adaptación y transformación de calzado y que se resume en tres máximas: “Antes hacer un cliente que un céntimo”, “Se ruega calma, para tener buen karma” y “Trabajamos con la cabeza y lo definimos con las manos ®”
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